No hace mucho que el viento ya ha aquietado las hojas de los arboles que sollozan. Temen, tanto como yo, que se las lleve el viento. Ahora todo esta tranquilo, en una frialdad que cala los huesos. Pero no puedo resistirme. Es más fuerte que yo, el perenne pecado de mi carne. Y resisto. Resisto sin apenas abrir los ojos. Muero cada segundo que me abres las piernas. Poco a poco. Y poco a poco ahogo la sangre que llena mis manos sucias de tu pecado. Es este hálito eterno, que me acompaña desde que nací. Este hálito, candorosa llama que me empuja hasta las cuerdas de tu horca. Borracha de hastío, vuelvo, como el pájaro a su nido, regreso, para matarme otra vez, y eternamente resurgir desde este cementerio de las palabras.
Filed under: forme brevi , Noèlia Diaz Vicedo
